Una vez más el silencio invadió su mente, se recostó en su cama a suspirar por su
ausencia, la ausencia de esa persona, la ausencia de él, de aquella persona por
quien llora a cada día, abre su diario para acabar con su dolor, escribir todo
lo que le molesta, descargar amargura en un papel. Desea escribir un fin a su
historia, ponerle fin a su sufrimiento, pero su corazón se niega a darle final
a algo que puede llegar a prevalecer por siempre.
De tanto llorar su cuerpo se cansa y comienza desvanecerse
en un sueño profundo, en su consiente sueña con él y sueña que su sueño se hace
realidad, sus anhelos de volver aquellos días en que caminaban de la mano desde
la ruta hasta el bosque, donde su sonrisa era la cura a todo mal, cuando él la hacía
sentir importante, de tanto soñar su sueño, su anhelo su corazón se vuelve a
ahogar y vuelve a llorar en su sueño.
Despierta y se sienta en la cama, agacha su cabeza y pide
por favor que esto termine ya. –Pronto va a acabar- escucha con esa voz tan
familiar, esa voz que tanto extrañaba oír. Levanta la vista pero no logra ver
nada, sus ojos están húmedos, pero reconoce esa silueta, seca sus ojos rápidamente,
pero al volver a ver ya no está.-Porque lo escucho si no está, porque lo veo si
no va a estar?- se pregunta ella. –Siempre estaré contigo si tú me amas, estaré
en tu corazón.- Voltea a ver y sus ojos
se cierran otra vez, sus labios están bloqueados por los de él, su mente en
blanco y su corazón se detiene, poco a
poco acelera, acelera tanto que logra escuchar, su mente vuelve a pensar, se da
cuenta que él está ahí, que no es un sueño.
-No vuelvas a llorar por mí, no lo merezco
-No lloraba por vos, lloraba por nosotros
-Nunca olvides que este donde este, siempre estaré en tu corazón,
y siempre volveré.
-Está bien.
-Te amo
-También te amo
Se dejaron caer en la cama, juntos, pegados uno al otro,
como si fuesen uno, quien los viera podría decir que parecían un solo ser. Y
pasaron el amanecer junto, sin poder separarse, para siempre.
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