Estábamos en la fila con mis hermanos y mis amigos esperando
el ingreso a nuestra institución, aun siento miedo en este momento, cada vez
que hago la fila tengo miedo de toser, bostezar, estornudar o no se otro gesto
que haga ruido, a pesar de los años sigo temiendo este momento. Los
guardias pasan por mi lado, no se les
puede engañar, haces ruido y, bueno, pasan cosas, me sorprende mucho que siendo
simples jóvenes nosotros tengamos que pasar por esto, Luisito apenas tiene 14 y
es el mayor. Yo procuro entrar en trance, cierro los ojos y bajo la cabeza, y
solo los abro para dar el paso adelante cuando se me ordena.
De pronto escucho algo y no es bueno, el único sonido que debería
escuchar son los pasos de los soldados al compás del crujido de sus armas moviéndose,
o el grito de “un paso” del general, este sonido es inusual, e inusual es malo,
muy malo, es un llanto, leve, tenue, como si se esforzada por no ser escuchado,
me voltearía a ver pero no tengo permitido hacerlo, solo escucho como el llanto
se aleja y se apaga lentamente, al compás de los pasos y el crujido de armas de
los soldados.
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