miércoles, 21 de mayo de 2014

Represión

Estábamos en la fila con mis hermanos y mis amigos esperando el ingreso a nuestra institución, aun siento miedo en este momento, cada vez que hago la fila tengo miedo de toser, bostezar, estornudar o no se otro gesto que haga ruido, a pesar de los años sigo temiendo este momento. Los guardias  pasan por mi lado, no se les puede engañar, haces ruido y, bueno, pasan cosas, me sorprende mucho que siendo simples jóvenes nosotros tengamos que pasar por esto, Luisito apenas tiene 14 y es el mayor. Yo procuro entrar en trance, cierro los ojos y bajo la cabeza, y solo los abro para dar el paso adelante cuando se me ordena.

De pronto escucho algo y no es bueno, el único sonido que debería escuchar son los pasos de los soldados al compás del crujido de sus armas moviéndose, o el grito de “un paso” del general, este sonido es inusual, e inusual es malo, muy malo, es un llanto, leve, tenue, como si se esforzada por no ser escuchado, me voltearía a ver pero no tengo permitido hacerlo, solo escucho como el llanto se aleja y se apaga lentamente, al compás de los pasos y el crujido de armas de los soldados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario