lunes, 11 de junio de 2012

Una esquina cualquiera



En una esquina cualquiera, dos chicos esperan para cruzar la calle mientras los vehículos atravesaban sin cesar , ninguno de los dos conoce al otro, uno de ellos proviene de una familia de pocos recursos, el otro de una familia adinerada, el niño pobre iba a su trabajo mientras que el niño rico se dirigía a sus clases de piano.
El niño rico para de refunfuñar y quejarse debido al lugar al que se dirigía, el niño pobre no dejaba de escuchar atentamente todo lo que su compañero de esquina dice; está molesto, no puede creer que el niño rico se queje por algo que él no tiene, poder educarse.
No pudo aguantar más y se volteó a hablarle:
-Discúlpame, pero no pude evitar escuchar todas tus quejas y no puedo creer que te enojes por toda la libertad que tienes, yo tengo que ir a trabajar todos los días para ayudar en mi cas aa traer dinero ¿Sabes lo que daría por estar en tu lugar? ¿Qué me paguen para que pueda aprender cosas?
El niño rico hace una pausa, y con una sonrisa algo perezosa le contesta
-Amigo mío ¿Crees que lo que esto es divertido, no? ¿Crees que es divertido que tus padres no confíen en ti? ¿Qué te obliguen a hacer cosas inútiles como tocar el piano porque creen que eres un idiota sin futuro? Tú por lo menos tienes la confianza de tus padres en ti de traer dinero a tu hogar. Amigo, yo en TU lugar no desearía estar en MI lugar, desearía estar jugando con mis amigos, vivir mi infancia-. El niño rico hace otra pausa antes de volver a hablar
- No digo que me gustaría estar en tu lugar, es obvio que es duro vivir como vives, pero tampoco digo que mi vida allá sido linda hasta ahora, desde que nací mis papás me han hecho estudiar e instruirme en decenas de cosas, y eso me quitó mi infancia. Daria lo que fuera por detenerme un momento y jugar, tener amigos, así como también lo deseo para ti. A lo que quiero llegar es que es cierto que no es bueno que los niños no estudiemos, pero tampoco que nos quiten nuestra infancia llenándonos de aprendizaje.
Los dos chicos no se percataron de que el semáforo ya había echo su trabajo y llevaba rojo un tiempo, cruzaron corriendo a la par. Se detuvieron en la otra esquina, se dieron un cordial saludo y cada uno se fue por su lado, deseando que el otro cumpla su sueño.   

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