sábado, 20 de noviembre de 2010

Amo, luego sufro.

Como todas las mañanas llegue y me senté en mi asiento, y como todas las mañanas me encargue de contemplarla un rato para no olvidarme de ella, pero como todas las mañanas, cuando ella mi mira a mi, mis ojos se cierran y se voltean a otro lado, dejándome en vergüenza otra vez, pero esta ves fue diferente; mis ojos volvieron a mirarla y no se movieron, los suyos también, sus ojos me penetraron la mente, me enfrió la cabeza, me hirvió la sangre, me detuvo el corazón. Intenté pretender algo de simpatía, ser algo agradable, así que la salude acompañado de una sonrisa tonta, pero no recibí una buena respuesta, ella frunció el seño y dijo que la deje de mirar tanto, en menos de un segundo me achique de hombros, bajé la cabeza y me escondí detrás mi rechazo.
En ese momento mi cabeza pensó muchas cosas, todas en un segundo; si mi corazón es tan ciego para no ver la realidad del amor, que estoy haciendo mal?, ella esta mal?, no, ella no es, eso estoy seguro, o será que yo no quiero ver que ella está mal?, sera que me odia en realidad?. Trato de recordar algún momento en que ella me halla hecho feliz, o porque siento tanto amor por ella, pero no encuentro respuesta a ninguna de las dos; ella jamás me agradeció nada sin que yo se lo pidiera ni tampoco se como me enamoré, simplemente apareció.
Lo único a lo que puedo atribuir mis sentimientos es ese sueño, aquel en el que caminábamos a su casa, aquel en el que ella me decía que no sabia si volver a su ciudad natal, porque tenia algo acá que iba extrañar, y que luego me daba la mano. Pero no se, ese sueño no me afectó en el momento, eso no puede ser la razón de tanto amor.
Aun con la cabeza gacha miró mi bolsillo, meto mi mano, y saco ese paquete, esa pequeña caja -Y ahora como se lo doy?- me pregunto a mi mismo.

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